Introducción

Para poder hablar de Reiki es preciso hablar primero de aquel elemento que lo compone todo y del cual todo venimos: la energía.

El cosmos es energía y por ende todo lo que lo compone, en esencia, es energía. Para nosotros que estamos en Occidente este concepto nos puede parecer algo extraño pero para el Oriente es mucho más común. De hecho, según varias tradiciones orientales, existe una fuerza vital universal que fluye y lo envuelve todo: en China la llaman Chi, en India Prana, y en Japón es el Ki.

Si todo está formado por la misma fuente de energía ¿porque existen entonces diferentes formas y densidades? Esta energía vibra a diferentes velocidades y trabaja en diferentes niveles y dimensiones por eso nosotros no somos iguales a un árbol o a una piedra; sin embargo tanto nosotros como las piedras (que aparentemente parecen carecer de vida) estamos compuestos por la misma energía.

Ahora si todo lo que existe en el Universo tiene un mismo origen podemos concluir que existe una conexión profunda entre todas las cosas,  sin importar que se trate de cosas animadas o inanimadas; nosotros inter-actuamos constantemente con todo lo que nos rodea y en esta interacción influimos y somos afectados por nuestro entorno, en el fluir continuo de la energía.

Si en nuestra vida experimentamos situaciones inarmoniosas eso significa que la energía está de alguna forma bloqueada y no puede fuir libremente; esto se manifiesta por ejemplo bajo forma de enfermedades u accidentes, entre otras.

A través del Reiki podemos restablecer el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu y así volver a un estado de paz y armonía en nuestra vida.

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