En pareja: amarnos con los ojos abiertos

Si exploramos las relaciones humanas en general, nos damos cuenta de que una de las fuentes de desequilibrio más comunes está directamente relacionada con la vida de pareja.

Alguna vez os habéis preguntado: ¿Por qué estoy en pareja?
Es una pregunta importante que tal vez nunca nos hayamos hecho antes y sobre la cual vale la pena meditar en algún momento de nuestra vida.

¿Qué es lo que nos empuja a buscar una persona con la que compartir una realidad en pareja?
Seguramente la respuesta puede variar dependiendo de la edad, raza, religión, posición social, cultura, etc ; aun así hay algunos elementos que suelen ser comunes a un gran número de parejas y que son independientes de los factores que acabamos de mencionar.

Por ejemplo, una de la razones que empuja muchas personas, a menudo de forma inconsciente, a buscar pareja es la de llenar un vacío que llevan dentro. De ser así, es muy probable que la pareja no llegue muy lejos, aunque puedan llevar tiempo juntos.

No hay persona que pueda realmente llenar nuestro vacío interior o eliminar nuestras inseguridades; puede que tengamos la ilusión de que esto ocurra, pero solo es una ilusión; únicamente nosotros mismos tenemos el poder de transformar nuestro interior eliminando las inseguridades que en el albergan y llenando aquel vacío que tanto nos atormenta.

Si escogemos estar con alguien para llenar un vacío, no hacemos más que proyectar en esa persona lo que nosotros quisiéramos recibir para sentirnos mejor y satisfacer nuestras necesidades; no estamos realmente escogiendo a esa persona por lo que es sino por lo que quisiéramos que ella fuera.

Entonces, después de la fase inicial de enamoramiento en la que todo parece ser perfecto, es ahí donde empiezan los problemas: nuestra pareja no es suficientemente cariñosa, o suficientemente atenta, o no nos da la suficiente importancia, o es demasiado exigente, o pide siempre confirmaciones de cariño, o no reconoce nuestros esfuerzos, etc.

Así es como surgen las primeras discusiones y empezamos a sufrir; pero, si nos detuviéramos a pensar por un momento veríamos que esto es inevitable porque nos hemos enamorado de una imagen que no encaja con el modelo real; nos hemos enamorado de lo que nosotros queríamos que nuestra pareja fuese y no de lo que ella es en realidad.

Por ende, siempre que intentemos comparar esa imagen, construida en nuestra mente, con la persona tal y como es frustraremos y nos llevaremos mas de un disgusto.
Esa persona está ahí para responder a una necesidad nuestra y mientras lo siga haciendo todo está bien; pero cuando esto no ocurre experimentamos incomprensión y carencia.

Una vez alguien me dijo algo muy cierto: “Frustration is a matter of expectations” (la frustración depende de las expectativas). Cuantas más expectativas tengamos, mas frustración experimentaremos en la vida.

Aplicado al caso de las parejas en concreto, cuanto más esperemos que nuestra pareja se comporte o actúe según nuestras expectativas, mas frustrados estaremos cuando ella no responda o no se alinee con esas expectativas, pero ¿de quien será entonces la responsabilidad de esa frustración o de ese disgusto? ¿De nuestra pareja, que no ha hecho lo que esperábamos que hiciera o no ha actuado según los parámetros que nosotros habíamos marcado? O más bien de nosotros mismos que no hemos sabido comprender quien es realmente la persona que tenemos al lado y no la hemos aceptado por lo que es en realidad?

Otra pregunta interesante sería: ¿Estamos listos para una relación de pareja?

Esto requiere una buena dosis de auto-consciencia finalizada a comprender en qué estado nos encontramos y si es o no el momento de involucrar a otra persona en nuestra cotidianidad.

Hay personas por ejemplo incapaces de estar a solas, sin una pareja a su lado, y que al terminar una relación, se involucran enseguida con otra persona. Esta etapa probablemente no es la mejor para desarrollar una relación de pareja ya que la persona no se ha tomado el tiempo de conocerse a sí misma y no ha experimentado nunca estar sola; más bien ha estado huyendo de sí misma para no tener que enfrentarse a sus propios demonios y vencer sus propias batallas. Si no nos tomamos la paciencia de comprendernos y aceptarnos a nosotros mismos como podemos hacerlo con otra persona?

Somos libres de escoger si compartir nuestro día a día con alguien o no; nadie nos obliga hacerlo; siempre podemos elegir pero recordando que con la libertad viene también la responsabilidad de nuestras decisiones y de nuestras acciones hacia nosotros mismos y los demás.

Para que nuestra relación de pareja funcione y sea realmente algo profundo y beneficioso para ambos, el camino es aprender a amar con los ojos abiertos, reconociendo al ser que tenemos a nuestro lado por lo que es, con sus cosas buenas y menos buenas; si al verlo tal y como es, nos sigue gustando y lo aceptamos en su totalidad, entonces se puede experimentar el amor a otro nivel y la vida de pareja es realmente armoniosa y especial.

No estaremos entonces con esa persona para llenar un vacío porque nosotros mismos llenaremos nuestro propio vacío; estaremos más bien con esa persona para disfrutar plenamente de ella y de las experiencias que la vida nos regala junto con ella como se hace con un gran compañero de viaje.

Así que, si estamos listos para estar en pareja y hemos encontrado una persona que consideramos especial con la que quisiéramos establecer un vinculo verdadero, escojamos amarla con los ojos abiertos; es un viaje hermoso de descubrimiento y aventura que nos permite experimentar cada día facetas distintas del otro y de nosotros mismos, crecer y evolucionar junto con el otro, cada uno a su propio ritmo, sin juicio, en plenitud, armonía y respeto.

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